Fueron años difíciles, en los que tuve que apartar mis sueños para hacerle espacio a la necesidad. Muy pocos compositores tienen un salario estable, y un padre de dos niños pequeños debe procurar ser un buen proveedor.

Por suerte, encontré trabajo como escritor en un canal de televisión y, durante muchos años, me gané la vida enlazando palabras y construyendo frases: sin rima, pero con buen ritmo.

Ahora estoy jubilado y tengo tiempo para sentarme frente al ordenador y grabar mis canciones. Las más antiguas ya fueron grabadas e interpretadas en Cuba, Chile o Estados Unidos, pero otras aún siguen dando vueltas en mi cabeza.

Algunas, como “Buena Opinión” y “Misión Suicida”, las compuse mientras conducía al trabajo, golpeando el volante, memorizando letras y acordes, pero nunca las llevé al papel.

Este soy yo, y estas son las canciones que recuerdo.